Las escuelas nos ayudan a conseguir un futuro seguro? o siemplemente nos va adoctrinando para pensar todos de la misma manera ,nos lleva a un desconocimiento propio de los seres individuales que somos, nos invita a pensar de manera lineal, sin darnos el lugar para observarnos y ver cuales son nuestros gustos y preferencias.
Las escuelas ayudan realmente?
Es importante que como padres reflexionemos sobre como queremos que sea la educación de nuestros hijos, porque son muchas las horas que ellos pasan en esos lugares, que deseamos realmente para ellos?
Hoy quiero dejarles un video muy interesante que invita a la reflexión.
viernes, 16 de septiembre de 2011
viernes, 9 de septiembre de 2011
El sueño infantil, mitos y realidades
8 Hechos sobre el sueño de los niños que todos los padres deberían conocer
1-. COMO DUERME USTED: después de vestirse o desvestirse para ir a la cama, la mayoría de los adultos se ayudan a si mismos a relajarse para el sueño, mediante varios rituales: leer, escuchar música, ver TV o teniendo sexo. (NOTA: supongo que se refiere a los que no tienen hijos, porque los que los tenemos no tenemos rituales, entramos en coma, y tenemos poco sexo en general). A medida que usted cae dormido, sus centros cerebrales superiores comienzan a descansar, permitiéndole entrar en una fase de sueño profundo llamada fase NO- REM (REM = movimientos oculares rápidos). Su cuerpo y mente están relajados durante este periodo de sueño, su cuerpo está quieto, su respiración es pausada y regular, sus músculos están flojos. Después de aproximadamente una hora y media en este estado de sueño, su cerebro comienza a despertar y trabajar, lo que le saca a usted del sueño profundo, y pasa a una fase de sueño ligero o activo, llamado sueño REM (movimientos oculares rápidos). Durante esta fase, sus ojos se mueven bajo los párpados, mientras su cerebro trabaja. Usted sueña, se da vueltas y puede incluso colocar las mantas, sin despertarse por completo. Es durante esta fase cuando usted puede despertarse por completo para, por ejemplo, ir al baño, y luego volver a la cama y volver a dormirse. Estos ciclos se alternan cada dos horas a lo largo de la noche, de forma que un adulto medio duerme unas 6 horas en sueño profundo y 2 en sueño ligero la lo largo de la noche. (NOTA: para completar la información os diré que en los primeros ciclos predomina el sueño profundo y a medida que pasa la noche se hace más largas las fases de sueño ligero). Por tanto, usted no duerme profundamente toda la noche, aunque le pueda parecer que lo hace.
2-. COMO ENTRAN LOS NIÑOS EN EL SUEÑO: está usted acunando, paseando o dando el pecho a su bebé, y sus párpados comienzan a cerrarse, y su cuerpo a relajarse en sus brazos. Sus ojos se cierran por completo, pero sus párpados continúan teniendo pequeñas contracciones y su respiración es irregular. Sus manos están flexionadas y puede que haga algunos gestos involuntarios con la cara, llamadas “muecas del sueño”. Puede incluso continuar succionando de forma parecida a un “aleteo”. Justo en el momento en que usted se flexiona para depositar a su bebé “dormido” en la cuna, para intentar salir silenciosamente de la habitación, se despierta y llora. Esto es así porque no estaba completamente dormido. Estaba aún en fase de sueño ligero cuando le puso en la cuna. Ahora pruebe a dormir a su hijo como lo haga habitualmente, pero hágalo durante un tiempo más largo (aproximadamente 20 minutos). Usted se dará cuenta que las muecas desaparecen, y la respiración del bebé se vuelve pausada y profunda, y sus músculos se relajan por completo: sus manos se abren, sus brazos y hombros cuelgan pesados: señales de sueño profundo. El niño está ahora en una fase de sueño profundo, permitiendo que usted pueda posarlo, respirando con satisfacción, porque el bebé ya está dormido.
Primera lección de “ser padres por la noche”: los bebés necesitan que se les duerma, no solamente que se les deje para que se duerman. Algunos bebés pueden ser dejados somnolientos y se dormirán solos, otros necesitan que sus padres les ayuden a dormirse.
La razón es que, mientras los adultos entramos directamente en la fase de sueño profundo, los niños en los primeros meses entran primero en una fase de sueño superficial. Y tras 20 minutos o más, gradualmente entran en fase de sueño profundo, del cual ya no es tan fácil despertarles. Como probablemente sabrá por experiencia, si usted trata de poner apresuradamente a su hijo en la cama durante este periodo inicial de sueño ligero, habitualmente se despiertan. Con algunos meses más algunos bebés entran con más rapidez en la fase de sueño profundo. Aprenda a reconocer las fases de sueño de su hijo. Espere a que esté profundamente dormido antes de cambiarlo de ubicación.
3-. LOS CICLOS DE SUEÑO DE LOS BEBÉS SON MÁS CORTOS QUE LOS SUYOS: permanezca “adorando” a su bebé dormido y observe su sueño. Alrededor de una hora después de haberse ido a dormir, comienza a estirarse y moverse. Sus párpados aletean, hace muecas, respira de forma irregular y los músculos se tensan. Está volviendo a entrar en una fase de sueño ligero. El tiempo de pasar del sueño profundo al ligero es un periodo vulnerable del sueño, en el que muchos bebés se despiertan si alguna circunstancia les preocupa o incomoda (como el hambre). Si el bebé no se despierta, pasará por esta fase de sueño ligero durante los siguientes 10 minutos y posteriormente entrará de nuevo en el sueño profundo. Los ciclos de sueño de los adultos duran una media de 90 minutos, los de los niños son más cortos (50-60 minutos) así que tienen un periodo de sueño vulnerable cada hora o menos. Si cuando el bebé está en esta fase usted deposita una mano consoladora en su espalda o canta una nana suave, o si el la siente próxima a el porque duerme con usted, pasará este periodo sin despertarse.
Segunda lección de “ser padres por la noche”: algunos bebés necesitan que les ayuden para volverse a dormir.
Hay algunos niños que pueden pasar este periodo sin despertarse, y que, si se despiertan, pueden relajarse a si mismos para volverse a dormir. Otros necesitan una mano amiga, voz o pecho para entrar de nuevo en el sueño profundo. De estos simples hechos sobre el sueño, se deduce que uno de los objetivos de los padres por la noche es crear un entrono para dormir que ayude al bebé a pasar estos periodos vulnerables sin despertarse, para que entre de nuevo en la fase de sueño profundo.
4-. LOS BEBÉS NO DUERMEN TAN PROFUNDAMENTE COMO USTED: no solamente les lleva más tiempo dormirse y tienen periodos de sueño vulnerable con más frecuencia, sino que además, el sueño ligero dura el doble que el de un adulto. A primera vista esto no parece honrado para los padres cansados de cuidar al niño todo el día. Pero si consideramos el principio de desarrollo que dice que los bebes duermen (o no ) de la forma en que lo hacen por una razón vital, puede sernos más fácil entender las necesidades de sueño de su hijo, y desarrollar una forma de ser padres por la noche que ayude, en lugar de dañar los ritmos naturales de sueño de su hijo. Por esto estoy en contra de los “entrenadores de sueño”, que anuncian una variedad de técnicas diseñadas para que el bebé duerma toda la noche, a un precio, y con un riesgo.
5-. LOS DESPERTARES NOCTURNOS TIENEN BENEFICIOS PARA LA SUPERVIVENCIA: en los primeros meses, las necesidades de los bebés son las más altas, y su capacidad de comunicación la más baja. Suponga que un bebé durmiera profundamente durante la mayor parte del tiempo. Algunas de sus necesidades básicas quedarían descubiertas. Los bebés pequeños tienen estómagos pequeños, y la leche materna se digiere con rapidez. Si el estímulo del hambre no le despertara con facilidad, no sería bueno para su supervivencia. Si la nariz del bebé estuviera obstruida y no pudiera respirar, o tuviera frío o necesitara calor y su estado de sueño fuese profundo de forma que no pudiera comunicar sus necesidades, su supervivencia estaría comprometida.
Una cosa que hemos aprendido en nuestra práctica como pediatras es que los bebés hacen lo que hacen porque están diseñados así. En el caso del sueño de los niños, las investigaciones sugieren que el sueño activo protege a los bebés. Suponga que su bebé durmiera igual que un adulto, es decir, predominantemente con sueño profundo. Suena maravilloso. Para usted, puede, pero no para un bebé. Suponga que el bebé tiene necesidad de calor, comida o tiene obstruida la vía aérea, y que el sueño es tan profundo que no le permite actuar para corregir esto problemas. Su bienestar estaría en peligro. Aparentemente los bebés vienen configurados con unos patrones de sueño que les permiten despertarse en respuesta a circunstancias que afectan a su bienestar. Creemos, y los investigadores lo confirman que las frecuentes fases de sueño REM (activo) sirven a intereses psicológicos de los bebés en los primeros meses, cuando su bienestar está más amenazado.
Tercera lección de “ser padres por la noche”: intentar que un bebé duerma demasiado profundamente demasiado pronto puede no ser lo mejor en términos de desarrollo del bebé. Por esto, los nuevos padres vulnerables a los “entrenadores de sueño” no deberían sentirse presionados para hacer que sus bebés duerman demasiado profundamente demasiado pronto.
6-.LOS DESPERTARES NOCTURNOS SON BENEFICIOSOS ARA EL DESARROLLO: los investigadores del sueño creen que los bebés duermen más “inteligentemente” que los adultos. Teorizan que el sueño ligero ayuda al cerebro a desarrollarse, ya que es cerebro no descansa durante el sueño REM. De hecho el flujo sanguíneo al cerebro casi es el doble durante las fases REM. 8este incremento de flujo es particularmente evidente en las áreas cerebrales que controlan automáticamente la respiración). Durante el sueño REM el cuerpo incrementa la síntesis de ciertas proteínas de los nervios, los bloques de construcción del cerebro. También se cree que el aprendizaje ocurre durante las fases activas del sueño. El cerebro puede usar este tiempo para procesar la información adquirida mientras estamos despiertos, guardando aquello que es útil y descartando lo que no lo es. Algunos investigadores del sueño, creen que el sueño REM actúa autoestimulando el cerebro en desarrollo, proveyendo imágenes beneficiosas que promocionan el desarrollo mental. Durante esta fase de sueño ligero, los centros superiores del cerebro se mantienen operativos, mientras que en el sueño profundo estos están en silencio. Es posible que durante esta etapa de crecimiento cerebral rápido (los cerebros de los bebés alcanzan el 70% del tamaño adulto durante los primeros dos años) el cerebro necesite continuar funcionando durante el sueño para desarrollarse. Es interesante anotar que los bebés prematuros pasan el 90% de sus horas de sueño en sueño REM, posiblemente para acelerar el crecimiento cerebral. Como puede ver, el periodo de la vida en el que los humanos duermen más y en el que el cerebro se desarrolla más rápidamente, es también cuando más sueño activo se tiene.
7-.MIENTRAS CRECEN, LOS BEBÉS ALCANZAN LA MADUREZ EN EL SUEÑO: “vale”, dirá usted, “entiendo este diseño en desarrollo, pero ¿Cuándo dormirá mi bebé toda la noche?”. La edad a la que los bebés se asientan (es decir: se van a dormir con facilidad y permanecen dormidos) varía ampliamente de unos niños a otros. En los primeros tres meses, los bebés pequeñitos rara vez duermen más de 4 horas seguidas, sin necesitar alimento. Los bebés pequeños tienen estómagos pequeños. Suelen dormir un total de 14-18 horas al día. Desde los 3 a los 6 meses muchos bebés comienzan a establecerse: están más despiertos por el día y algunos pueden dormir periodos de 5 horas. Es esperable en este periodo uno o dos despertares nocturnos. También observará en este periodo que las fases de sueño profundo se alargan. Los periodos vulnerables para los despertares nocturnos disminuyen y los bebés entran en el sueño profundo más rápidamente. Esto se llama maduración del sueño.
Lección 4 de “ser padres por la noche”: un hecho importante a recordar es que los hábitos de sueño de su bebé son más un reflejo de su temperamento (del bebé) que del estilo de crianza que halla elegido. Mantenga en su mente que otro padres habitualmente exageran lo que duermen sus hijos, como si eso fuera una marca de buena paternidad, que no lo es. No es su culpa que el bebé se despierte.
8-. BEBÉS QUE CONTINÚAN DESPERTÁNDOSE: cando los bebes maduran a estos patrones similares al adulto de sueño, varía de unos a otros. De forma que mientras la mayoría de bebés alcanza esta madurez en algún momento durante la segunda mitad del primer año, muchos continúan despertándose. ¿La razón? estímulos dolorosos como catarros, erupción de los dientes se hacen más frecuentes. Adquisición de hitos del desarrollo como sentarse, gatear y caminar puede llevar a los bebés a practicar estas habilidades durante la noche. Después entre el año y los dos años, cuando el bebé comienza a superar estos estímulos, comienzan otras causas como la angustia de separación y las pesadillas.
De todas formas, aunque comprenda la razón por la cual los bebés son propensos a despertarse, se da cuenta que sigue siendo importante para los padres y los bebés tener un sueño reparador por las noches, de otro modo, el bebé, los padres y su relación no irán bien.
Fuente: dormir sin llorar
martes, 6 de septiembre de 2011
Comprar en lugar de vincularse
No es fácil vincularnos y permanecer muchas horas a solas con los niños pequeños. Por eso solemos convertir los momentos de “estar juntos” en momentos de “consumo” compartido. La “compra” del producto que sea opera como mediador en la relación entre los niños y nosotros.
El objeto mediador puede ser la televisión, el ordenador, los jueguitos electrónicos, salir de compras a la juguetería, al pelotero, al centro comercial o a lo sumo ir a ver un espectáculo (que pueden ser maravillosos y necesarios en sí mismos). Pero conviene reflexionar sobre cómo los adultos utilizamos los elementos de consumo social para paliar la dificultad que supone la relación con el niño, es decir la permanencia, la mirada, el juego y la disponibilidad emocional.
Cuando un niño nos pide tiempo para jugar, o mirada para que nos extasiemos por un descubrimiento en su exploración cotidiana, cuando nos solicita presencia para permanecer a su lado o que nos detengamos un instante para que pueda recoger una piedra del suelo; solemos responder ofreciendo una golosina, una promesa o un juguete porque estamos apurados. El niño poco a poco va aprendiendo a satisfacer sus necesidades de contacto a través de objetos, y muchas veces a través de alimentos con azúcar.
Todos los adultos sabemos que mientras un niño come algo dulce, no molesta. Y también sabemos que en la medida en que esté hechizado por la televisión, tampoco molesta. Si aprende a jugar con el ordenador, molesta menos aún. Y si necesitamos salir a la calle en su compañía, en la medida que le compremos algo, lo que sea, estará tranquilo y nos permitirá terminar con nuestros trámites personales mientras dura la fugaz alegría por el juguete nuevo.
Los niños aprenden que es más fácil obtener un objeto o algo para comer (generalmente muy dulce o muy salado) y de ese modo desplazan sus necesidades de contacto y diálogo hacia la incorporación de sustancias que “llenan” al instante. Tienen la falsa sensación de quedar satisfechos, aunque esa satisfacción dura lo que dura un chocolate. Es decir, muy poco tiempo. Por eso los niños volverán a pedir –o a molestar a ojos de los adultos- y en el mejor de los casos volverán a recibir algo que se compra, con la debida descalificación de sus padres por ser demasiado pedigüeños o faltos de límites. Es un modelo que repiten hasta el hartazgo, porque funciona: creen que necesitan estímulo permanente, consumo permanente y rápida satisfacción.
A esta altura, los niños han olvidado qué era lo que estaban necesitando verdaderamente de sus padres. Ya no recuerdan que querían cariño, ni atención, ni mimos, ni palabras amorosas. Ya no registran que era “eso” lo que estaban necesitando.
Nosotros los padres también consumimos para calmar nuestra ansiedad y nuestra perplejidad al no saber qué hacer con un niño pequeño en casa. La cuestión es que nos vinculamos con el niño sólo en la medida en que hay algo para hacer, y si es posible, algo para comprar o comer. Y si el niño puede hacer “eso” solo, sin necesidad de nuestra presencia, mejor aún. Sólo basta mirarnos unos a otros un domingo en un centro comercial cualquiera, en cualquier ciudad globalizada.
Esta dinámica de satisfacción inmediata a falta de presencia afectiva, somete a los niños a una vorágine de actividades, corridas, horarios superpuestos y estrés, que nos deja a todos aún más solos. No nos damos la oportunidad de aprender a dialogar, nos olvidamos de los tiempos internos y pasamos por alto nuestro sutil compás biológico.
¿Qué podemos hacer? Pues bien, podemos buscar buena compañía para permanecer con los niños en casa, sin tanto ruido ni tanto estímulo. Amparadas por otros adultos, es posible permanecer más tiempo en el cuarto de los niños, simplemente observándolos. No es imprescindible jugar con ellos, si no sabemos hacerlo o si nos resulta aburrido. Pero si no logran ser creativos aprovechando nuestra presencia, basta con acercarles una propuesta, unos lápices de colores, una invitación a cocinar juntos, o a revolver las fotos del pasado. En fin, siempre hay algo sencillo para proponer, ya que “eso” que haremos será la herramienta para alimentar el vínculo. Y los niños generalmente aceptan gustosos.
Cuando estamos en la calle con los niños, podemos “desacelerar” y darnos cuenta que no pasa nada si tardamos más tiempo en realizar las compras o los trámites. Porque de ese modo cada salida puede convertirse en un paseo para los niños y en un momento pleno y feliz para nosotros. Si somos capaces de detenernos ante una vidriera que les llama la atención, si una persona los saluda y nos otorgamos el tiempo de sonreírle o bien si nos sentamos un ratito en la vereda porque sí, porque pasó una hormiga, algo habrá cambiado en la vivencia interna de los niños. Esos cinco minutos de atención significan para nuestros hijos que ellos nos importan, que el tiempo está a favor nuestro y que la vida es bella desde el lugar donde ellos la miran. Estamos diciéndoles que nada nos importa más en este mundo que mirarlos, que deleitarnos con la vitalidad y la alegría que despliegan y que los amamos con todo nuestro corazón.
Toda la dedicación y el tiempo disponible que no reciban de nosotros, los obligará a llenarse de sustitutos, y luego creerán que sin esas sustancias o esos objetos no pueden vivir. La realidad es que no podemos vivir sin amor. Todo lo demás, importa poco.
Laura Gutman
El objeto mediador puede ser la televisión, el ordenador, los jueguitos electrónicos, salir de compras a la juguetería, al pelotero, al centro comercial o a lo sumo ir a ver un espectáculo (que pueden ser maravillosos y necesarios en sí mismos). Pero conviene reflexionar sobre cómo los adultos utilizamos los elementos de consumo social para paliar la dificultad que supone la relación con el niño, es decir la permanencia, la mirada, el juego y la disponibilidad emocional.
Cuando un niño nos pide tiempo para jugar, o mirada para que nos extasiemos por un descubrimiento en su exploración cotidiana, cuando nos solicita presencia para permanecer a su lado o que nos detengamos un instante para que pueda recoger una piedra del suelo; solemos responder ofreciendo una golosina, una promesa o un juguete porque estamos apurados. El niño poco a poco va aprendiendo a satisfacer sus necesidades de contacto a través de objetos, y muchas veces a través de alimentos con azúcar.
Todos los adultos sabemos que mientras un niño come algo dulce, no molesta. Y también sabemos que en la medida en que esté hechizado por la televisión, tampoco molesta. Si aprende a jugar con el ordenador, molesta menos aún. Y si necesitamos salir a la calle en su compañía, en la medida que le compremos algo, lo que sea, estará tranquilo y nos permitirá terminar con nuestros trámites personales mientras dura la fugaz alegría por el juguete nuevo.
Los niños aprenden que es más fácil obtener un objeto o algo para comer (generalmente muy dulce o muy salado) y de ese modo desplazan sus necesidades de contacto y diálogo hacia la incorporación de sustancias que “llenan” al instante. Tienen la falsa sensación de quedar satisfechos, aunque esa satisfacción dura lo que dura un chocolate. Es decir, muy poco tiempo. Por eso los niños volverán a pedir –o a molestar a ojos de los adultos- y en el mejor de los casos volverán a recibir algo que se compra, con la debida descalificación de sus padres por ser demasiado pedigüeños o faltos de límites. Es un modelo que repiten hasta el hartazgo, porque funciona: creen que necesitan estímulo permanente, consumo permanente y rápida satisfacción.
A esta altura, los niños han olvidado qué era lo que estaban necesitando verdaderamente de sus padres. Ya no recuerdan que querían cariño, ni atención, ni mimos, ni palabras amorosas. Ya no registran que era “eso” lo que estaban necesitando.
Nosotros los padres también consumimos para calmar nuestra ansiedad y nuestra perplejidad al no saber qué hacer con un niño pequeño en casa. La cuestión es que nos vinculamos con el niño sólo en la medida en que hay algo para hacer, y si es posible, algo para comprar o comer. Y si el niño puede hacer “eso” solo, sin necesidad de nuestra presencia, mejor aún. Sólo basta mirarnos unos a otros un domingo en un centro comercial cualquiera, en cualquier ciudad globalizada.
Esta dinámica de satisfacción inmediata a falta de presencia afectiva, somete a los niños a una vorágine de actividades, corridas, horarios superpuestos y estrés, que nos deja a todos aún más solos. No nos damos la oportunidad de aprender a dialogar, nos olvidamos de los tiempos internos y pasamos por alto nuestro sutil compás biológico.
¿Qué podemos hacer? Pues bien, podemos buscar buena compañía para permanecer con los niños en casa, sin tanto ruido ni tanto estímulo. Amparadas por otros adultos, es posible permanecer más tiempo en el cuarto de los niños, simplemente observándolos. No es imprescindible jugar con ellos, si no sabemos hacerlo o si nos resulta aburrido. Pero si no logran ser creativos aprovechando nuestra presencia, basta con acercarles una propuesta, unos lápices de colores, una invitación a cocinar juntos, o a revolver las fotos del pasado. En fin, siempre hay algo sencillo para proponer, ya que “eso” que haremos será la herramienta para alimentar el vínculo. Y los niños generalmente aceptan gustosos.
Cuando estamos en la calle con los niños, podemos “desacelerar” y darnos cuenta que no pasa nada si tardamos más tiempo en realizar las compras o los trámites. Porque de ese modo cada salida puede convertirse en un paseo para los niños y en un momento pleno y feliz para nosotros. Si somos capaces de detenernos ante una vidriera que les llama la atención, si una persona los saluda y nos otorgamos el tiempo de sonreírle o bien si nos sentamos un ratito en la vereda porque sí, porque pasó una hormiga, algo habrá cambiado en la vivencia interna de los niños. Esos cinco minutos de atención significan para nuestros hijos que ellos nos importan, que el tiempo está a favor nuestro y que la vida es bella desde el lugar donde ellos la miran. Estamos diciéndoles que nada nos importa más en este mundo que mirarlos, que deleitarnos con la vitalidad y la alegría que despliegan y que los amamos con todo nuestro corazón.
Toda la dedicación y el tiempo disponible que no reciban de nosotros, los obligará a llenarse de sustitutos, y luego creerán que sin esas sustancias o esos objetos no pueden vivir. La realidad es que no podemos vivir sin amor. Todo lo demás, importa poco.
Laura Gutman
sábado, 20 de agosto de 2011
Esfínteres, control y autoritarismo
SI ESTUVIÉRAMOS EN UNA ISLA DESIERTA CON NUESTROS NIÑOS, Y CONTEMPLÁRAMOS AL BEBÉ HUMANO, CON LA MISMA CELERIDAD CON LA QUE OBSERVAMOS A LOS ANIMALES, CONSTATARÍAMOS QUE EL CONTROL DE ESFÍNTERES REAL SE PRODUCE MUCHO MÁS TARDÍAMENTE DE LO QUE NUESTRA SOCIEDAD OCCIDENTAL TIENE GANAS DE ESPERAR. LAMENTABLEMENTE, EN LUGAR DE EXAMINAR CUIDADOSAMENTE CÓMO SUCEDEN LAS COSAS, ELABORAMOS TEORÍAS QUE LUEGO PRETENDEMOS IMPONER ESPERANDO QUE FUNCIONEN.
Hemos impuesto a los niños el control de esfínteres alrededor de los dos años de edad, con lo que este tema se ha convertido en todo un problema. Si observáramos sin prejuicios el proceso natural, estaríamos ante la evidencia de que los niños humanos la realizan después de los tres años, algunos después de los tres años y medio, o incluso después de los cuatro años. ¡Qué importa!
Sin embargo los adultos -sin pedir permiso a los niños- ¡Les sacamos los pañales mucho antes! Esto significa que les arrebatamos el sostén, la contención, la seguridad, el contacto, el olor, agregándoles la exigencia de una habilidad para la cual no están aún maduros. Que el niño nombre “pis” o caca” no significa que cuente con la madurez neurobiológica para controlar dicha función.
Sacar los pañales porque “llegó el verano”, decidir que ya tiene dos años y tiene que aprender, responde a la incomprensión de la especificidad del niño pequeño y de la evolución esperable de su crecimiento. Cabe preguntarnos porqué los adultos estamos tan ansiosos y preocupados por la adquisición de esta habilidad, que como otros aspectos en el desarrollo normal de los niños, llegará a su debido tiempo, es decir cuando el niño esté maduro.
Controlar esfínteres no se aprende por repetición, como leer y escribir. Se adquiere naturalmente cuando se está listo, como la marcha o el lenguaje verbal.
Ahora bien, si no estamos dispuestas a rendirnos ante la sabiduría del tiempo interno de cada niño, las mamás lucharemos contra los pis que se escapan, las bombachas y calzoncillos mojados, las sábanas y colchones al sol, los pantalones interminables para lavar, mientras acumulamos rencor, hastío y mal humor en la medida que creamos que nuestros hijos “deberían haber ya aprendido”. En cambio, si dejamos a los niños en paz, después de los tres años, o cerca de los cuatro años, (sin olvidar que cada niño es diferente) simplemente un día estará en condiciones de reconocer, retener, esperar, ir al baño, sin más trauma y sin más vueltas que lo que es: controlar con autonomía los esfínteres.
A mi consultorio llegaron durante años niños con problemas de enuresis de 5, 6, 7, 8 años e incluso de mayor edad. La mayoría de ellos, se hacen pis sólo de noche, mientras duermen. Invariablemente les han sacado los pañales alrededor de los dos años. Los casos de enuresis son muy frecuentes, pero habitualmente no nos enteramos porque de eso no se habla. Total quedan como secretos de familia. He comprobado que cuando las mamás aceptan mi sugerencia de volver a ponerles pañales (caras de horror), los niños los usan el mismo lapso de tiempo que hubiesen necesitado desde el momento en que se los sacaron hasta que hubiesen podido controlar esfínteres naturalmente. Como si recuperaran exactamente el mismo tiempo que les fue quitado. Y luego, sencillamente se acaba el “problema”. Hay padres que opinan que “es contradictorio volver a poner un pañal una vez que se tomó la decisión de sacarlo”. En realidad en la vida probamos, y damos marcha atrás si es necesario y saludable. Simplemente diremos: “creí que estabas listo para controlar los esfínteres, pero obviamente me equivoqué. Te voy a poner el pañal para que estés cómodo, y cuando seas un poco mayor, estarás en mejores condiciones para lograrlo”. Es sólo sentido común. Se alivian las tensiones y finalmente el control de esfínteres se encausa.
Los niños -frente a la demanda de los adultos- hacen grandes esfuerzos para controlar sus esfínteres, pero ante cualquier dificultad emocional -por pequeña que sea- se derrumba el esfuerzo desmesurado y se escapa el pis. Luego vienen las interpretaciones: “me tomó el tiempo”, “me lo hace a propósito”, “él sabe controlar pero no quiere”.
Entiendo la presión social que sufrimos las mamás. Hay jardines de infantes que no aceptan niños en salas de tres años con pañales. Hay pediatras, psicólogos, y otros profesionales de la salud, además de suegras, vecinas y amigos bienintencionados que opinan y se escandalizan. Pero es posible sortearla con un poquito de imaginación: los pañales son descartables, baratos y anatómicos, lo que les permite a los niños ir a jugar, ir a un cumpleaños, al jardín, sin tener que pasar por la humillación de mojarse en todos lados. Hay quienes no quieren ir al jardín a causa de la probabilidad de hacerse pis. Otros se vuelven tímidos, otros especialmente agresivos mojando cuanta alfombra encuentran a su paso.
Por otra parte, hacer “pis” no es lo mismo que desprenderse de la “caca”. Muchos niños que controlan perfectamente el pis, piden el pañal para hacer caca. Es importante que les ofrezcamos lo que están pidiendo, porque nadie pide lo que no necesita. ¿Cuál es el motivo para negárselo?
Yo espero humildemente que alguna vez nos demos cuenta del grado de violencia que ejercemos contra los niños, envueltos en exigencias que no pueden satisfacer y que se transforman luego en otros síntomas (angustias, terrores nocturnos, llantos desmedidos, enfermedades, falta de interés) que hemos generado los adultos sin darnos cuenta.
Acompañar a nuestros hijos es aceptar los procesos reales de maduración y crecimiento.
Y si sentimos rechazo por algún aspecto, entonces preguntémosnos qué nos pasa a nosotros con nuestros excrementos, nuestros genitales y nuestras zonas bajas que nos producen tanto enojo. Dejémoslos crecer en paz. Alguna vez, cuando sea el momento adecuado controlarán sus esfínteres naturalmente, así como una vez pudieron reptar, gatear, caminar, saltar, trepar y ser hábiles con sus manos. No hay nada que modificar, salvo nuestra propia visión.
Laura Gutman
miércoles, 17 de agosto de 2011
Se puede elegir el sexo del bebé?
Ni tablas chinas, ni dietas milagro. Para que la suerte juegue a tu favor a la hora de intentar elegir el sexo del bebé necesitas saber un poco de biología y conocer tu cuerpo.
Los espermatozoides viven unos cinco días en el tracto genital femenino, después de lo cual mueren. Para que la fecundación se produzca es necesario que un espermatozoide, el que sea, alcance al óvulo en las trompas de Falopio, es decir, casi inmediatamente después de la ovulación. Y aquí está el truco del almendruco. Ni tablas chinas ni posturitas raras.
Los espermatozoides X e Y no son iguales, aunque a simple vista lo parezcan. Los espermatozoides Y, que determinarían sexo masculino para tu bebé, son rápidos, pero mueren pronto. Viajan muy deprisa por el tracto genital femenino, pero no aguantan mucho tiempo. Los X, a cambio, son lentos pero seguros. Su velocidad es menor, pero viven durante más tiempo.
Puestas así las cosas está claro. Si practicas sexo en el momento de la ovulación o unos pocos días después, (pocos, porque el óvulo aguanta unos cuatro días) el espermatozoide que llegará a la meta será un espermatozoide Y y tendrás un niño. Si lo haces antes de la ovulación, unos cuatro días, los espermatozoides Y morirán antes de que el óvulo salga del folículo y para cuando ovules sólo quedarán los X, por lo tanto tendrás una niña.
O sea, se pueden hacer cosas para intentar elegir el sexo del bebé, pero no siempre sale, sobre todo si quieres una princesa. ¿Por qué? Porque tienes que conocer tu cuerpo a la perfección, conocer exactamente el día en que ovulas y practicar sexo antes, lo cual te convierte en una especie de Aramis de los ovarios. Porque además tienes que ser fuerte y sólo hacerlo antes, ya que si repites la competición entre unos espermatozoides y otros está asegurada. Y porque además las ovulaciones no son una ciencia exacta, a veces se adelantan y a veces se atrasan e incluso algunas veces se producen dos simultáneas – este el el caso de los gemelos no idénticos, los mellizos, que son posibles gracias a que se desprenden dos óvulos en el mismo ciclo.
Tienes además que tener en cuenta que tus propios óvulos tienen preferencias, y es que son ellos los que “seleccionan” el espermatozoide que los conquistará, son selectivos. Y desgraciadamente también tienes que saber que algunos hombres sólo producen espermatozoides de un tipo y que en algunas mujeres el pH vaginal actúa como una barrera contra algunos de ellos. Con lo que si estás deseando un bebé tal vez no te interese perder el tiempo con estas boberías.
Fuente:Ser mamas
Los espermatozoides viven unos cinco días en el tracto genital femenino, después de lo cual mueren. Para que la fecundación se produzca es necesario que un espermatozoide, el que sea, alcance al óvulo en las trompas de Falopio, es decir, casi inmediatamente después de la ovulación. Y aquí está el truco del almendruco. Ni tablas chinas ni posturitas raras.
Los espermatozoides X e Y no son iguales, aunque a simple vista lo parezcan. Los espermatozoides Y, que determinarían sexo masculino para tu bebé, son rápidos, pero mueren pronto. Viajan muy deprisa por el tracto genital femenino, pero no aguantan mucho tiempo. Los X, a cambio, son lentos pero seguros. Su velocidad es menor, pero viven durante más tiempo.
Puestas así las cosas está claro. Si practicas sexo en el momento de la ovulación o unos pocos días después, (pocos, porque el óvulo aguanta unos cuatro días) el espermatozoide que llegará a la meta será un espermatozoide Y y tendrás un niño. Si lo haces antes de la ovulación, unos cuatro días, los espermatozoides Y morirán antes de que el óvulo salga del folículo y para cuando ovules sólo quedarán los X, por lo tanto tendrás una niña.
O sea, se pueden hacer cosas para intentar elegir el sexo del bebé, pero no siempre sale, sobre todo si quieres una princesa. ¿Por qué? Porque tienes que conocer tu cuerpo a la perfección, conocer exactamente el día en que ovulas y practicar sexo antes, lo cual te convierte en una especie de Aramis de los ovarios. Porque además tienes que ser fuerte y sólo hacerlo antes, ya que si repites la competición entre unos espermatozoides y otros está asegurada. Y porque además las ovulaciones no son una ciencia exacta, a veces se adelantan y a veces se atrasan e incluso algunas veces se producen dos simultáneas – este el el caso de los gemelos no idénticos, los mellizos, que son posibles gracias a que se desprenden dos óvulos en el mismo ciclo.
Tienes además que tener en cuenta que tus propios óvulos tienen preferencias, y es que son ellos los que “seleccionan” el espermatozoide que los conquistará, son selectivos. Y desgraciadamente también tienes que saber que algunos hombres sólo producen espermatozoides de un tipo y que en algunas mujeres el pH vaginal actúa como una barrera contra algunos de ellos. Con lo que si estás deseando un bebé tal vez no te interese perder el tiempo con estas boberías.
Fuente:Ser mamas
jueves, 14 de julio de 2011
Pies descalzos
¿Hay que calzar a los bebés que todavía no caminan? Un trabajo apunta que no sólo no es necesario, sino que además puede ser negativo para el desarrollo de su inteligencia.
Zapatitos pequeñitos, rosados, celestes, con brillos y piedras, o como las zapatillas de correr de papá… pero de 10 centímetros de largo. Todo indica que los escarpines que tejían las abuelas han pasado de moda: ahora, los negocios de ropa para bebés ofrecen todo tipo de opciones para calzar a los más chicos de la casa, aunque ellos todavía no puedan caminar. Pero, más allá de los estilos en auge, ¿es bueno calzar a los niños no andantes? Un trabajo indica que vestir a los bebés de pies a cabeza puede ser negativo para su desarrollo.
Durante los primeros meses de vida, cuando el cerebro se desarrolla a mayor velocidad, los pies son altamente sensibles y les sirven a los bebés para procesar información. El artículo “Podología preventiva: niños descalzos igual a niños más inteligentes”, elaborado por Isabel Gentil García, Profesora de la Escuela Universitaria de la Universidad Complutense de Madrid, justifica la necesidad de dejar descalzos a los niños no andantes. La autora sostiene que el movimiento físico y el estímulo sensorial del bebé a través de los pies descalzos es un factor de aceleración de la maduración, del desarrollo propioceptivo y del desarrollo intelectual del niño.
“Hemos presenciado cómo profesionales de la salud aconsejan calzar a niños de estas edades” –dice el artículo. Y continúa: “Hay otro sector de profesionales que entendemos que no sólo no es necesario calzar a los niños en esta etapa (exceptuando en ambientes fríos y con el fin de abrigar), sino que es perjudicial para su desarrollo”. Frente a la diversidad de criterios, Isabel Gentil García estudia los motivos científicos que aconsejan no calzar a los niños preandantes: fuentes bibliográficas relacionadas con el desarrollo psicomotor del niño, tratados de neurología y fisiología. También analiza diversas teorías sobre el desarrollo de la inteligencia en el niño, integrando conocimientos que se trataban de forma independiente y teniendo presente el concepto de ser biopsicosocial indivisible que somos los humanos.
Luego de su análisis, la autora nota que todas las teorías vistas “coinciden en que el desarrollo es fruto de una compleja interacción entre el ambiente y el organismo y que en el punto inicial del desarrollo de la inteligencia no existe una diferencia entre el yo y el mundo externo; se da todo en un bloque”. Y explica que el niño irá desarrollando progresivamente los conceptos de yo, de objeto, de espacio, de causa y de tiempo. Destaca además que uno de los factores ambientales que más interviene en su desarrollo es el propio cuerpo, ya que el conocimiento del mismo y saber diferenciarlo del resto del mundo es una noción mental fundamental para ir construyendo todas las demás.
A partir del tercer mes de vida aparece el interés por el propio cuerpo (que será lo primero que el niño explore). En ese momento el bebé comienza a mirarse las manos y así empieza a descubrir su cuerpo. “La imagen de sí mismo que construye el niño (es decir su identidad) tiene su origen en sus experiencias de todas las sensaciones táctiles, cinestésicas y visuales resultantes de la relación del niño con el mundo”, dice el artículo. O sea que el movimiento del propio cuerpo es fundamental para el desarrollo intelectual: “motricidad, sensibilidad y psiquismo están íntimamente unidos. Cuando el niño controla motriz y sensorialmente su cuerpo podrá aprehender y relacionar los elementos de su entorno, es decir seguir desarrollando su inteligencia”. Una característica principal del desarrollo cognitivo en la etapa del niño preandante es la superioridad de lo sensorial y lo motor sobre cualquier otro aspecto. Y el juego motor es predominante: el niño juega con sus pies y eso estimula su desarrollo, porque permite la maduración del sistema nervioso y favorece el control neuromuscular, el desarrollo intelectual y las habilidades sociales.
Como dijimos, los pies del recién nacido tienen una sensibilidad táctil mucho más fina que la de sus manos; esto se extiende hasta los 8 ó 9 meses de vida. Por ello, durante este primer tiempo el bebé utiliza los pies para informarse sobre el mundo exterior: toca con ellos todo lo que tiene a su alcance, los manipula y se los lleva a la boca. Ya cerca del año, el pie va perdiendo esta sensibilidad y se inicia otra más profunda: la sensibilidad propioceptiva (la que nos permite saber la posición y el movimiento de las distinas partes de nuestro cuerpo). Pero antes de empezar a caminar, el niño necesitó la información que recibió de las plantas de los pies y de las estructuras profundas (las articulaciones) para poder coordinar los movimientos y lograr el equilibrio.
¿Por qué es importante poder experimentar con los pies? Porque tomar con las manos los propios pies produce experiencias sobre los límites del propio cuerpo, nuevas sensaciones, y como consecuencia aumenta el desarrollo cognitivo. De esta forma, los pies descalzos y los pies llevados a la boca contribuyen a la madurez de la propiocepción y exterocepción (la percepción de los estímulos provenientes del exterior).
Es por eso que no debemos reprimir la sensibilidad táctil de los pies calzándolos, pues informan del mundo exterior, transmitiendo sensaciones de temperatura y texturas que favorecen el desarrollo del niño. En cambio, se debe cuidar y potenciar la libertad de los movimientos de los dedos y de los pies que a esta edad, como órgano táctil, se mueven mucho. El niño necesita tener la oportunidad de tener la planta del pie en contacto con superficies irregulares ya que esto estimula las sensaciones cinestésicas y los reflejos posturales: necesita el estímulo táctil, de presiones y de irregularidades del terreno para desarrollar la propiocepción, mejorar la posición de las articulaciones y reforzar la musculatura.
La autora concluye que en esta etapa el calzado no tiene justificación de ser usado, ya que el calzado impide recibir sensaciones y añade un peso excesivo a los pies impidiendo el movimiento, y además puede causar lesiones. Bajo esta luz, el movimiento de autodefensa que utilizan los niños de descalzarse en cuanto pueden adquiere un mayor significado que el que antes interpretábamos. El trabajo finaliza: “No debemos poner impedimentos al desarrollo propioceptivo, neuromuscular e intelectual del niño encerrando sus pies en un calzado que no necesita. Al contrario, se deberá estimular a los niños a disfrutar de su cuerpo y de su motricidad con los pies descalzos”.
Una prenda menos para tener en cuenta a la hora de vestir a nuestros pequeños, que redundará en muchos más beneficios para ellos. Tan sólo cuando las temperaturas son muy bajas, puede ser preciso proteger sus piececitos del frío; en este caso, conviene procurar que lo que le pongamos en los pies reproduzca tan fielmente como sea posible las condiciones del pie descalzo: unos zapatitos blandos, flexibles, o unos buenos calcetines de lana, seguramente podrán cumplir esta función.
Fuente: Crianza Natural
Zapatitos pequeñitos, rosados, celestes, con brillos y piedras, o como las zapatillas de correr de papá… pero de 10 centímetros de largo. Todo indica que los escarpines que tejían las abuelas han pasado de moda: ahora, los negocios de ropa para bebés ofrecen todo tipo de opciones para calzar a los más chicos de la casa, aunque ellos todavía no puedan caminar. Pero, más allá de los estilos en auge, ¿es bueno calzar a los niños no andantes? Un trabajo indica que vestir a los bebés de pies a cabeza puede ser negativo para su desarrollo.
Durante los primeros meses de vida, cuando el cerebro se desarrolla a mayor velocidad, los pies son altamente sensibles y les sirven a los bebés para procesar información. El artículo “Podología preventiva: niños descalzos igual a niños más inteligentes”, elaborado por Isabel Gentil García, Profesora de la Escuela Universitaria de la Universidad Complutense de Madrid, justifica la necesidad de dejar descalzos a los niños no andantes. La autora sostiene que el movimiento físico y el estímulo sensorial del bebé a través de los pies descalzos es un factor de aceleración de la maduración, del desarrollo propioceptivo y del desarrollo intelectual del niño.
“Hemos presenciado cómo profesionales de la salud aconsejan calzar a niños de estas edades” –dice el artículo. Y continúa: “Hay otro sector de profesionales que entendemos que no sólo no es necesario calzar a los niños en esta etapa (exceptuando en ambientes fríos y con el fin de abrigar), sino que es perjudicial para su desarrollo”. Frente a la diversidad de criterios, Isabel Gentil García estudia los motivos científicos que aconsejan no calzar a los niños preandantes: fuentes bibliográficas relacionadas con el desarrollo psicomotor del niño, tratados de neurología y fisiología. También analiza diversas teorías sobre el desarrollo de la inteligencia en el niño, integrando conocimientos que se trataban de forma independiente y teniendo presente el concepto de ser biopsicosocial indivisible que somos los humanos.
Luego de su análisis, la autora nota que todas las teorías vistas “coinciden en que el desarrollo es fruto de una compleja interacción entre el ambiente y el organismo y que en el punto inicial del desarrollo de la inteligencia no existe una diferencia entre el yo y el mundo externo; se da todo en un bloque”. Y explica que el niño irá desarrollando progresivamente los conceptos de yo, de objeto, de espacio, de causa y de tiempo. Destaca además que uno de los factores ambientales que más interviene en su desarrollo es el propio cuerpo, ya que el conocimiento del mismo y saber diferenciarlo del resto del mundo es una noción mental fundamental para ir construyendo todas las demás.
A partir del tercer mes de vida aparece el interés por el propio cuerpo (que será lo primero que el niño explore). En ese momento el bebé comienza a mirarse las manos y así empieza a descubrir su cuerpo. “La imagen de sí mismo que construye el niño (es decir su identidad) tiene su origen en sus experiencias de todas las sensaciones táctiles, cinestésicas y visuales resultantes de la relación del niño con el mundo”, dice el artículo. O sea que el movimiento del propio cuerpo es fundamental para el desarrollo intelectual: “motricidad, sensibilidad y psiquismo están íntimamente unidos. Cuando el niño controla motriz y sensorialmente su cuerpo podrá aprehender y relacionar los elementos de su entorno, es decir seguir desarrollando su inteligencia”. Una característica principal del desarrollo cognitivo en la etapa del niño preandante es la superioridad de lo sensorial y lo motor sobre cualquier otro aspecto. Y el juego motor es predominante: el niño juega con sus pies y eso estimula su desarrollo, porque permite la maduración del sistema nervioso y favorece el control neuromuscular, el desarrollo intelectual y las habilidades sociales.
Como dijimos, los pies del recién nacido tienen una sensibilidad táctil mucho más fina que la de sus manos; esto se extiende hasta los 8 ó 9 meses de vida. Por ello, durante este primer tiempo el bebé utiliza los pies para informarse sobre el mundo exterior: toca con ellos todo lo que tiene a su alcance, los manipula y se los lleva a la boca. Ya cerca del año, el pie va perdiendo esta sensibilidad y se inicia otra más profunda: la sensibilidad propioceptiva (la que nos permite saber la posición y el movimiento de las distinas partes de nuestro cuerpo). Pero antes de empezar a caminar, el niño necesitó la información que recibió de las plantas de los pies y de las estructuras profundas (las articulaciones) para poder coordinar los movimientos y lograr el equilibrio.
¿Por qué es importante poder experimentar con los pies? Porque tomar con las manos los propios pies produce experiencias sobre los límites del propio cuerpo, nuevas sensaciones, y como consecuencia aumenta el desarrollo cognitivo. De esta forma, los pies descalzos y los pies llevados a la boca contribuyen a la madurez de la propiocepción y exterocepción (la percepción de los estímulos provenientes del exterior).
Es por eso que no debemos reprimir la sensibilidad táctil de los pies calzándolos, pues informan del mundo exterior, transmitiendo sensaciones de temperatura y texturas que favorecen el desarrollo del niño. En cambio, se debe cuidar y potenciar la libertad de los movimientos de los dedos y de los pies que a esta edad, como órgano táctil, se mueven mucho. El niño necesita tener la oportunidad de tener la planta del pie en contacto con superficies irregulares ya que esto estimula las sensaciones cinestésicas y los reflejos posturales: necesita el estímulo táctil, de presiones y de irregularidades del terreno para desarrollar la propiocepción, mejorar la posición de las articulaciones y reforzar la musculatura.
La autora concluye que en esta etapa el calzado no tiene justificación de ser usado, ya que el calzado impide recibir sensaciones y añade un peso excesivo a los pies impidiendo el movimiento, y además puede causar lesiones. Bajo esta luz, el movimiento de autodefensa que utilizan los niños de descalzarse en cuanto pueden adquiere un mayor significado que el que antes interpretábamos. El trabajo finaliza: “No debemos poner impedimentos al desarrollo propioceptivo, neuromuscular e intelectual del niño encerrando sus pies en un calzado que no necesita. Al contrario, se deberá estimular a los niños a disfrutar de su cuerpo y de su motricidad con los pies descalzos”.
Una prenda menos para tener en cuenta a la hora de vestir a nuestros pequeños, que redundará en muchos más beneficios para ellos. Tan sólo cuando las temperaturas son muy bajas, puede ser preciso proteger sus piececitos del frío; en este caso, conviene procurar que lo que le pongamos en los pies reproduzca tan fielmente como sea posible las condiciones del pie descalzo: unos zapatitos blandos, flexibles, o unos buenos calcetines de lana, seguramente podrán cumplir esta función.
Fuente: Crianza Natural
miércoles, 11 de mayo de 2011
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